viernes, 6 de marzo de 2009

Máquinas Inteligentes

Una pregunta que se hacen los estudiosos de las neurociencias y de la computación es sobre la posibilidad de desarrollar sistemas inteligentes. Esta pregunta es relevante no sólo desde el punto de vista tecnológico, que es el más evidente luego de tantos años de robots televisivos, sino en sus aspectos teóricos, ya que una respuesta afirmativa implica adherirse a la idea de que no existe en el cerebro de los seres humanos nada semejante a "un soplo divino", un alma o espíritu. Una respuesta negativa, si bien no necesariamente representa que se adopte una postura idealista, implica que la estructura de la entidad que da origen a la conciencia es tal que, en principio, es irreproducible y, más aún, con toda probabilidad incognoscible. El problema no es trivial y tiene que ver también con la posibilidad del auto-reconocimiento del ser humano, de entender cómo es que piensa y adquiere conciencia, cómo se origina la imaginación, la memoria, gustos y emociones. En última instancia las neurociencias pretenden entender la inteligencia y la conciencia humana. Es importante distinguir entre lo que pudiera ser una "máquina pensante" y lo que son las computadoras. Al hablar de máquinas inteligentes la mayoría de las personas tienden a asociar las computadoras personales y su increíble necedad. Las computadoras con las que usualmente se tiene relación son capaces de almacenar grandes cantidades de datos y realizar ciertas operaciones básicas a muy alta velocidad y, por el momento, nada más.

El comportamiento inteligente se caracteriza por no producir siempre los mismos resultados. Según las circunstancias y factores objetivos y subjetivos, ante una misma situación, los seres inteligentes no toman la misma decisión. Es conocida la importancia que tiene en los juegos de apuesta, las diversas actitudes que se adoptan cuando se dispone de las misma cartas, según las diversas fases del juego o el comportamiento de los rivales. La inteligencia artificial ha sido creada por el hombre para copiar, en cierta medida, la inteligencia natural. Para conseguirlo, se ha escogido como herramienta disponible más potente y sofisticada, la computadora, máquina capaz de procesar gran cantidad de datos en muy poco tiempo, según las directrices definidas en un programa computacional. Actualmente se considera a la computadora como una máquina tonta, que significa que solo realiza aquello que se haya programado previamente. Este modo de operar elimina una de las cualidades principales de la inteligencia, que consiste en un comportamiento que no ha sido programado, sino que se ha producido de manera espontánea, como consecuencia de un manejo inteligente de los conocimientos y experiencias. Esto se puede observar en un ser humano donde la experiencia y la facultad de razonamiento se alternan a lo largo del tiempo, es bastante frecuente, cuando se observa el comportamiento de los seres humanos, que una persona reaccione de forma diferente ante los mismos hechos.

La inteligencia comprende facultades como: (1) Percibir y manejar elementos del mundo real. (2) Adquirir, aplicar conocimientos y entender el lenguaje natural. (3) Razonar y resolver problemas. Una máquina puede considerarse como inteligente cuando cumple los siguientes requisitos: (1) Si es capaz de percibir visualmente los objetos que la rodean y reconocer sus formas. (2) Si es capaz de “entender” el lenguaje natural, hablado o escrito, así como de producir respuestas en dicho lenguaje. (3) Otra característica propia de una máquina inteligente consiste en elaborar acciones de acuerdo con las condiciones cambiantes del entorno y llevarlas a cabo mediante los correspondientes elementos físicos. (4) Se dice que una máquina es inteligente cuando puede almacenar información y conocimiento a los que maneja mediante reglas y algoritmos para alcanzar soluciones a problemas que plantea su funcionamiento. El estado actual de la inteligencia artificial está muy lejos de alcanzar la excelente armonía funcional de los seres vivos inteligentes y, mucho menos, de fabricar robots que cuenten con emociones. Conviene señalar que no siempre se persigue que las máquinas sigan lo más fielmente posible el modo de actuar del ser humano; en ocasiones, se prefiere que operen en función de una mayor eficacia respecto a la aplicación hacia la que se orientan.

A pesar del enorme avance de la tecnología en los últimos 50 años los robots son aún incapaces de realizar labores "humanas" con un grado de inteligencia equiparable al ser humano. Existe un amplio campo de investigación en la implementación de mecanismos de la inteligencia artificial que permitan a los robots realizar labores que resultan peligrosas, tediosas o simplemente aburridas para los seres humanos, además que estas máquinas tengan la capacidad de aprender y mejorar su conocimiento en base a la experiencia. La inteligencia artificial ha sido en los últimos años una herramienta útil en la solución de problemas de ingeniería. En el ámbito industrial, esta herramienta ha sido empleada en diferentes procesos de manufactura, especialmente en el análisis de operación de la maquinaria y procesos asociados empleando para ello bases de conocimiento y los llamados sistemas expertos. El principal atributo de los sistemas expertos es su capacidad de decisión en problemas complejos de manera similar como lo resolvería el ser humano; esta disciplina hace uso extensivo de redes neuronales artificiales y lógica difusa, que en su conjunto fortalecen la capacidad de raciocinio de dichas máquinas.

De entre las muchas razones que se han citado a favor de la construcción de máquinas que piensen de manera inteligente, indudablemente dos han sido las que han ejercido la mayor influencia en el desarrollo de la inteligencia artificial: (1) Como modelos explicativos del pensamiento humano, es decir, para entender mejor cómo es que efectivamente piensan los humanos y (2) Como ayuda para el proceso del pensamiento. Esto último se puede lograr, ya sea por que, al reducir los riesgos de error, las máquinas pueden ayudar a pensar mejor o porque, al ahorrar trabajo, permiten reducir los recursos humanos dedicados al pensamiento. Estos dos objetivos ofrecen diferentes ideas sobre el tipo de pensamiento que se espera de las máquinas. Para unos, lo que se busca son máquinas que piensen tal y como lo hacen los seres humanos, incluidas sus limitaciones e imperfecciones. Para otros, lo que se espera de las máquinas inteligentes es que superen las capacidades cognitivas de los seres humanos y piensen de manera racionalmente perfecta. Para este segundo grupo de investigadores, la inteligencia artificial debe encarnar una visión idealizada del pensamiento humano. De esta manera, el objetivo de la inteligencia artificial consistiría en hacer realidad el viejo sueño de Leibniz de automatizar el razonamiento lógico.

Según la Dra. Breazel del Instituto Tecnológico de Massachussets, en una opinión realizada el año 2002 decía: “la inteligencia artificial sin emociones artificiales es un proyecto destinado al fracaso”, ya que, según ella, el pensamiento inteligente requiere, entre otras cosas, un buen manejo de las emociones. Como respuesta al pensamiento de la Dra. Breazel, la inteligencia artificial concibe ya la fabricación de una máquina que reconozca, comprenda y exprese emociones similares, aunque no iguales a las humanas, con la finalidad de lograr que sea "genuinamente inteligente" y que interaccione de manera adecuada con las personas. Equipada con hardware y software especial, el sistema artificial podrá ver y reconocer expresiones faciales y posturas corporales, así como detectar pautas vocales y entonaciones del habla, dilatación en las pupilas, cantidad de latidos cardíacos y hasta patrones odoríferos característicos. De esta manera, será capaz de inferir con bastante precisión el estado emocional en que se encuentran las personas y actuar en consecuencia.

Parece ser que una de las metas mas importantes de la inteligencia artificial, en la búsqueda de las maquinas inteligentes, es lograr la construcción de máquinas con ciertas capacidades propias del hombre; es decir, con habilidad para la solución de problemas complejos como la toma de decisiones para la planeación de empresas, la evaluación de riesgos para las compañías de seguros, pruebas de eficiencia de motores, detección de arritmias cardiacas, análisis y evaluación de encefalogramas, sismogramas, espectros de luz emitida o absorbida por estrellas o por materiales, etc. Todos estos problemas tienen un denominador común consistente en la optimización no basada en reglas concretas.

Guillermo Choque Aspiazu
http://www.eldiario.net/
Noviembre 17 de 2008

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